martes, 7 de septiembre de 2010

Anteojos

Es imposible limpiar a fondo estos cristales.
Hay una capa última de bruma que no cede.
Es un mínimo barniz,
una delgada cortina de niebla
que al trasluz se percibe claramente:
detenida en los cristales,
infunde a cada cosa que contemplo
un aura de reserva, un cerco de silencio,
una distancia indeclinable que resiste
la embestida del jabón, del agua, del aliento
y se ríe de la sed de la mirada.


De Santiago Kovadloff

1 comentario:

Cassandra dijo...

Encantadores versos, pero me encanta más que hayas vuelto...

Beshos, de nuevo

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